En una casa de aldea con pozo, lo primero es aislar el grupo de presión y comprobar si el calderín mantiene la presión con la bomba desconectada. Si cae, cerramos llaves hacia la vivienda, el galpón o la huerta hasta saber qué ramal pierde. Las tuberías que atraviesan fincas suelen ser de polietileno y transmiten mal el sonido, así que en esos tramos el gas trazador es la opción más fiable.
En los pisos de Meicende o Pastoriza el orden cambia. Si la mancha solo aparece al ducharse, sospechamos del desagüe y hacemos pruebas de estanqueidad con agua; si aparece siempre, escuchamos la tubería a presión con geófono y confirmamos con humidímetro la extensión de la zona mojada. En las naves de Sabón, cuando la red es larga y tiene llaves o arquetas accesibles en dos puntos, el correlador ayuda a acotar la rotura sin recorrer el vial entero.
La cámara termográfica entra en juego cuando la pérdida es de agua caliente o de calefacción, algo frecuente en casas de piedra reformadas con tuberías nuevas bajo el suelo. Muchas veces combinamos dos técnicas: una para acercarnos a la zona y otra para confirmar el punto exacto antes de abrir.